Aun creo que no somos plenamente
conscientes de que este día llegaría y supongo que es lo bonito, no te preparas
mentalmente y al final pues nos emocionamos. Porque si en cuatro años no te han
ocurrido cosas para emocionarte es que tú no has estado en nuestra facultad.
¿Quién nos diría que íbamos a estar hoy aquí y sobretodo quien se lo diría a
nuestros padres? para los que hace tan poco éramos tan solo unos renacuajos
pesados (sobretodo yo que era pesadísimo), los cuales teníamos muchos sueños
pero también mucha pereza de cumplirlos. Aunque eso sí, unos renacuajos a los
que nos apasionaban los documentales de la 2, Érase una vez el cuerpo humano y
cuyo amor por la naturaleza era indudable, aunque algunos se dieran cuenta
durante la carrera.
Hace 1460 días, cuatro años (que se
dice rápido, para algunos un poco más), empezó nuestro viaje como biólogo. Un viaje donde hemos conocido gente con la que
hemos conectado de tal manera que las sinapsis que nos explicó Esperanza se
quedan cortas. Con ellos hemos llorado tanto de alegría como de pena, son gente
a las que queremos (de corazón) y de las que nunca nos separaremos. Ellos,
vosotros, estaréis siempre: lejos, cerca, qué más da pero demasiados momentos
os mantendrán en el recuerdo, de esos de los que nunca se borran. Gracias a
nuestra gente hemos madurado hasta tal punto que nuestro yo del pasado nos
parece un persona totalmente distinta. Que sepáis que ya pasasteis de ser gente,
sois hermanos y hermanas. Habéis hecho de este viaje unos de los mejores.
Un viaje que ha sido duro. Y cuando
digo duro se me pasan por la cabeza los nervios de antes de los exámenes: esos
minutos de tensión en el aula magna, las horas de estudios en el Crai o en el
búnker a base de Red Bulls, la decisión bata o bota que llevó a que muchos de
nosotros tomase caminos distintos después de un tercero donde comenzábamos a
valorar nuestra carrera y a verle algo de futuro a la cosa. Pero si algo
refleja lo duro de este viaje es esa cara de sufrimiento que llevábamos algunos
a esos 40º en las dunas de Doñana.
Este viaje también ha tenido momentos
de incertidumbre, como aquel primer año de carrera donde miramos el horario y
leíamos un poco desconcertados: Matemáticas, Estadística, Química, Física,
Informática; ¡Informática! Yo no sé si os acordáis pero yo me quedo con el tema
de la historia de la computación, ahí las bases buenas para la biología. Y las
PIM ya ni las comento porque esas son para darle de comer a parte. También
recordar aquel famoso parón que nos cogió en los exámenes y que parece ya
lejanísimo. Pero incertidumbre de verdad cuando no hace poco nos dijeron que una
barra libre es igual a 7 copas.
Pero sin duda y por encima de todo
eso este viaje ha sido bonito, muy bonito. Me acordaré de todos los
reencuentros después del verano donde se nos escapaba esa sonrisa al ver a los
nuestros. Ese sentimiento de unión gracias a las prácticas insufribles de
cuatro horas donde al menos permitieron conocernos un poco más entre nosotros y
conocer a gente con la que antes no habías hablado. Pero si hay que hablar de
sentimiento de unión diré que ha sido este año, 4º de carrera, cuando nos hemos
unido muchísimo más e incluso con aquellos de los que antes no sabíamos nada y
ahora son imposibles de olvidar. También me acordarme de esas tardes con las
litros en el césped, en la piedra, el rojo y por qué no los bocatas del Ñam Ñam.
Pero sin duda el edificio verde: nuestra segunda casa y a la que tanto
echaremos de menos.
Y mirad a donde hemos llegado, lo
hemos conseguido o casi. Los que dicen que no han venido a la graduación porque
no han terminado la carrera no saben lo que se pierden y de verdad lo digo.
Desde aquí les mando un abrazo muy fuerte porque muchos de ellos son muy
queridos pero también les digo que estos cuatro años no solo ha sido una
carrera, ha sido una promoción de personas que entraron con la misma ilusión y
ganas de comerse el mundo, que sintieron el vértigo de años de lucha y que
después de cuatro años se han reunido aquí, como ese primer día en la
presentación en el Aula Magna pero ahora mucho más guapos y guapas.
No
me quiero olvidar de los profesores, aquellos que hicieron de capitanes en este
viaje. Aquellos que nos trataron como iguales y que le dieron la misma
importancia a la docencia que a la investigación. Aquellos que aguantaron tantísimo
de nosotros: liadas en clase, jugar al ordenador mientras se hacían prácticas
en el aula de informática, llegar a las prácticas tarde después de una noche
curiosa y así me podría llevar dos horas pero esto se tiene que acabar que nos
espera una buena noche. Muchos de los profesores de los que hablo están hoy
aquí, que sepáis que estáis en nuestro recuerdo, que no os olvidaremos y que cuando
nos pregunten diremos orgullosos vuestros nombres. Quiero aprovechar este
momento para que nos despidamos de uno de los grandes profesores, icono de
nuestra facultad de biología. Él es reconocible por sus trajes y su elegancia.
Benito Valdés deja la docencia y la investigación. Sé que tal vez es poco pero me
gustaría que le diéramos un fuerte aplauso de reconocimiento y de despedida.
Ahora
me gustaría citar a otro
de los grandes, a Luis Herrero [que para quien no lo conozca está sentado
detrás mía], él dio la charla del año pasado y dijo algo así “No quiero ponerme
pesimista porque no lo soy, pero tal vez el mundo no esté ahora mismo para
darle un bocado y si lo está, tal vez sea indigesto. Pero mantened esa ilusión
con la que llegasteis a la Universidad, mirad siempre con optimismo hacia
delante y creed en vosotros mismos”. Y tiene razón, no debemos dejar de creer y lo que ahora debemos tener
muy claro es que se acaba la parte biológica del viaje y lo que nos espera ahí
fuera puede dar vértigo, vértigo que se esfumará con motivación, ilusión y creatividad.
Porque en estos cuatro años hemos
aprendido a crear y a crear de manera distinta a como lo hacían hace décadas.
Se nos invitó a una realidad que ha explotado, y es ahora la juventud
(nosotros) quienes crearemos y apostaremos por alternativas. Ahora mismo lo
nuevo somos nosotros. Pero nos llevan años diciendo que no nos preocupemos que
siempre tendremos las puertas abiertas, las del aeropuerto. Porque parece que
nos quieran echar del país y se ha llegado a decir que los jóvenes nos vamos
por nuestro espíritu aventurero. De eso nada, espíritu aventurero es ponerte en
la cola de secretaría para echar la matrícula, pipetear con la boca o poner la
centrífuga desbalanceada. Solo tienen miedo a que lo nuevo se abra paso. A los
que nos dicen que puertas tenemos abiertas y cuáles no, les digo que las
puertas las abre uno mismo. A veces no es difícil, basta con girar el pomo.
Nosotros mantendremos la ilusión,
seguiremos siendo creativos y ese vértigo que tanto nos asusta lo usaremos como
motivación para abrir las puertas de cualquiera de los miles y miles de viajes
que nos esperan ahí fuera. Recordar girar el pomo, ¡MUCHAS GRACIAS!
