Esos momentos clave donde somos solo uno. Como aquellos en los que ponemos música en el coche y los dos empezamos a cantar como si nos conociéramos de toda la vida. Como si nos conociésemos de pequeños y fuéramos inseparables. Lo mismo que cuando me quedo acurrucado en tu espalda. Inocencia lo llaman, como cuando me miras cuando estoy un poco más serio y buscas mi mirada, que seguramente se acompañe con una sonrisa. A la cual tu respondes con un: "enseña los dientes". La inocencia nos rodea, la pureza del alma, tu mirada, tu despertar tranquilo, tu voz callada. Y que hacemos si discutimos, si no buscamos lo bonito de nuestro día a día, si nos asolan los miedos, rencores y malos pensamientos. Comenzamos a crear un muro, donde pretendemos ser más fuertes y donde cada vez las miradas traen consigo más malos pensamientos. No te alejes, vuelve a mirarme con los ojos del alma que yo siempre te responderé con una sonrisa verdadera. Rompamos los muros, y con los ladrillos hagamos puentes.