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lunes, 7 de septiembre de 2015

Mi sentido

París te esperaba desde un principio. Desde ese día donde te conté que no podía dormir, que los cohetes me había tenido en vela toda la noche. Esa noche me dio por pensar, pero no pensé en París. Pensaba en ti, en la calma que desprendes. Llenaste un huequecito, me di cuenta esa noche. No había mucho y ahí se encendió algo. Si lo encendieron los cohetes les tendré que dar la gracias, aunque no me dejen dormir 10 días al año, en cada uno estas detrás. Ese día te dije que lo tenía claro, pero, ¿París lo tiene claro? Yo creo que nos espera, espera que le digamos que somos viajantes de un camino que vamos formando solos, aprendiendo y creando recuerdos. Notaba como con cada día en ese hueco vacío amueblabas tus sonrisas mientras decíamos que una vida llena es donde abundan los recuerdos. Seguro que en esos momentos París se nos pasó por la cabeza. Que lo sé... París es una escusa, porque nos queremos desde hace mucho y queremos volar, juntitos, muy lejos y reírnos de los cohetes, de las notas en el limpiaparabrisas de los coches, de las conversaciones: largas, cortas. Da igual. En el fondo le intento buscar un sentido a ir a París, cuando el sentido eres tú: mi compañera, mi viajera, mi amiga, mi novia... mi sentido. París eres tú. París no me espera porque te llevo siempre. París se reúne con París y yo tengo la suerte de llenar huecos.

Hace dos años que eres mi sentido.
Sigue cuidando ese hueco.