A tientas nos buscábamos,
dudábamos y creímos que acabaría como otro intento.
Subsistíamos a base de esperanzas chilladas en tonos mutados.
Era el capo de mi guitarra el que a la vez de acallar mis esperanzas,
subía los tonos de acordes,
acordes que poco a poco entonaban en ti.
Comienzos.